entrada_194 Llevaba tiempo sin ver a mi amante rondar por casa, pues mantenemos una absoluta discreción respecto a nuestras vidas y evitamos de todos los modos posibles que nos relacionen o nos vean juntos, ya que eso sería fatal para mi matrimonio causando el divorcio y dejandome sin dinero, pues mi marido antes de casarnos me hizo firmar por contrato que bajo ningún concepto podría optar a su riqueza en caso de divorcio, obteniendo una pequeña cantidad de dinero en concepto de garantías.

Y como mi marido es veinte años mayor que yo tuve que conocer a otro chico para que solventara el problema del sexo, pues a parte de darme asco en ese aspecto mi marido casi nunca conseguía tenerla erecta, generando problemas de inseguridad en mi. Un día el timbre sonó y escuche como tras la puerta de cristal asomaba la cabeza de mi amante, desesperado para que no nos vieran. Me contó que había tenido problemas pues su madre se puso enferma, pero que no podía despegarse de mi ya que mi coño era como una droga que necesitaba y que humildemente le ofrecí ya que se merecía eso y mucho mas.