entrada_207 Estaba harta de que mi marido siempre me hiciera lo mismo, llevándose la cartera con todo el dinero y sin dejarme posibilidad de sacar del cajero, pues la cuenta estaba a su nombre llevaba ya dos años diciendo que la pondría a mi nombre, aunque nunca llegaba la ocasión. El problema venía en que dos chicos iban a venir para instalar la maldita televisión por cable que tanto quería, y encima tenía que decirlos yo que no tenía dineros para pagarle, así que se me ocurrió la mejor manera de vengarme. Les ofrecí a cambio de instalarme la televisión la posibilidad de follarme el coño los dos y disfrutar de unas ricas mamadas, un trío interracial que quería probar desde hacía tiempo y que aceptaron sin vacilar, yendo al sofá para comenzar la juerga comiéndoles la polla sin dudar. La próxima vez seguro que no se olvida dejarme el dinero.