Estábamos de picnic en el bosque y comenzamos a comer disfrutando de un delicioso vino que comenzó a subirme a la cabeza sin poder evitar el hecho de encontrarme en un lugar abierto y que mi coño comenzaba a humedecerse hasta el punto de no poder evitar tirarme hacía mi novio y comenzar a ponerlo caliente llegando a pegar una buena follada a expensas de que cualquier pudiera pillarnos, aunque tuvimos la gran suerte de que nadie nos molesto ya que hubo algunas veces que cuando lo hacíamos aparecía el típico maduro tocándose la polla a ver si podía pillar cacho y cortándonos el rollo por completo.