entrada_168 Había pasado San Valentin y no pude darle el regalo a mi mujer pues me encontraba fuera en viaje de negocios, y me sabía tan mal pues era una fecha muy importante para ella tanto como para mi, por lo que quise resarcirle y hacer que se sintiera feliz.

La lleve a un restaurante caro para ofrecerle una comida sabrosa, amenizada por una pequeña banda que tocaba para nosotros al lado de nuestra mesa y luego nos fuimos de compras para regalarle un hermoso collar, vi su sonrisa y me sentí agradecido que no tomara en cuenta mis salidas para las reuniones, que fuera paciente por esperarme y ella quiso darme una sorpresa, encendiendo el jacuzzi y llevándome allí para tomar un baño relajante, que en pocos minutos se convirtió en sexo salvaje pues todo lo que le había hecho le había servido para terminar excitándose, acumulado por el tiempo que no había estado en casa.